Cabo de Hornos: La odisea andina contada por Gabriel Mustakis

Hay etiquetas que, al descorcharlas, despliegan mucho más que aroma y sabor: despliegan una geografía. Ese es el caso de Cabo de Hornos, el emblemático Cabernet Sauvignon que, tras décadas de historia, encontró en el valle de Cachapoal Andes su verdadero hogar. Pero, ¿qué ocurre realmente cuando un vino cambia de piel y se muda a la precordillera? Para el enólogo Gabriel Mustakis, la respuesta no está en los laboratorios, sino en saber escuchar el pulso de la tierra.

En una reciente y reveladora conversación para el espacio Vinos con Maripepa, del canal de YouTube De Tripas Corazón Vinos, (Ver video Completo) Mustakis se despojó de la formalidad para revelarnos cómo se construye un mito desde la humildad y la precisión técnica.

De la intuición a la "relojería" enológica

Para Mustakis, el traslado de la producción de Cabo de Hornos desde Curicó hacia Cachapoal Andes (2012-2014) no fue un mero movimiento de inventario, sino una apuesta por la pureza. El enólogo describe su trabajo actual como una labor de "relojería".

"El viñedo es un anfiteatro andino con una diversidad de suelos que funciona como un mosaico", explica Mustakis. Esta visión es la que lo ha llevado a abandonar las recetas únicas. Hoy, su filosofía es la separación: cada parcela se vinifica de manera distinta porque cada una tiene una identidad que debe ser protegida. Para ello, su bodega en Cachapoal se ha convertido en un laboratorio de diversidad, donde conviven barricas, fudres y ánforas, herramientas que elige con cuidado quirúrgico para no invadir, sino acompañar el carácter del vino.

El frío nocturno: El secreto mejor guardado

Si hay algo que apasiona al enólogo es el factor climático. Mustakis nos invita a imaginar la tarde en Totihue: el sol calienta el grano, permitiendo una madurez plena, pero al caer la noche, el aire de la cordillera desciende bruscamente, a menudo bajo los 10 °C.

“Ese freno térmico es lo que salva al vino de sentirse ‘cansado’”, comenta Mustakis con la seguridad de quien conoce cada rincón de su viñedo. Para él, esa oscilación es el puente entre la potencia del Cabernet Sauvignon y la elegancia que busca el consumidor moderno. Es esa frescura natural, preservada por el frío, la que otorga al Cabo de Hornos su vibrancia y, fundamentalmente, su envidiable potencial de guarda.

Más allá de la etiqueta: El rostro humano

Un punto en el que Mustakis fue enfático durante la entrevista es la naturaleza colectiva de este proyecto. Al hablar de sus éxitos, el enólogo no se atribuye la autoría, sino que despliega una lista de nombres que son los verdaderos artífices detrás de cada botella.

Desde el trabajo técnico de Ignacio Díaz hasta la gestión operativa de Juan Moscoso y la minuciosa atención de la Señora Carola en el cuidado de las barricas, Mustakis presenta a su equipo no como empleados, sino como guardianes del terruño. Es un reconocimiento refrescante en una industria que suele centrarse únicamente en la figura del enólogo principal.

entrevista enologo

El viñedo como un "parque de diversiones"

La conversación también dejó claro que este proyecto no está encerrado en una bodega inaccesible. Para Mustakis, la viña es un espacio abierto, un verdadero "parque de diversiones" para los entusiastas.

"Queremos que la gente recorra desde los viñedos hasta nuestra sala de barricas", invita el enólogo, destacando que la integración con la ruta del Tren del Vino ha hecho que Requínoa sea un destino imperdible. Porque, como bien subraya, después de caminar entre las parras y entender cómo el estero Calabozo nutre al suelo, la copa deja de ser solo vino para convertirse en una experiencia sensorial completa.

La promesa de Cabo de Hornos

Al cerrar la entrevista, queda una sensación clara: el Cabo de Hornos de hoy no intenta ser un peso pesado del pasado. Es un vino moderno, con un sutil carácter férreo que lo hace único, y que busca, sobre todas las cosas, la armonía.

Como bien resume Gabriel Mustakis, el vino no debe hablar más fuerte que el lugar del que proviene. Y al escuchar al enólogo, entendemos que ese "lugar" —con su estero, sus terrazas aluviales y su gélida noche andina— ha encontrado, finalmente, a su mejor intérprete.

¿Quieres vivir la experiencia en persona? La viña recibe visitantes mediante reserva en su sitio web, ofreciendo desde recorridos generales hasta experiencias premium que, al igual que sus vinos, buscan ser un recuerdo imborrable en la memoria del visitante.

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Descubre a través de sus protagonistas, qué hace diferente a Cachapoal.

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